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La Enseñanza de LAS HORMIGAS

Las hormigas vienen siendo una especie muy inteligente. En su forma de trabajar se denota que entre ellas no existe flojera ni falta de compañerismo. Pareciera que fueron entrenadas para realizar faenas ya que su sincronización suele ser perfecta y cuando se topan con algún obstáculo, no se les ve lamentándose ni tomando algún descanso. De inmediato buscan la solución al problema y así­ es como hemos visto que entre ellas se juntan para formar puentes por los cuales pasará el resto de las compañeras.

Es asombroso ver que un pequeño animalito sea capaz de poder transportar cargas que fácilmente suelen ser superiores al volumen de su cuerpo. Tomemos por ejemplo a une pequeña hormiga que se desplazaba por el campo con una pajita que era unas 6 veces mayor que su cuerpo. Caminaba sin descanso con su pesada carga ya que tení­a como objetivo llevarla a su morada, el hormiguero.

En determinado momento, llega ante una grieta grande y profunda para las dimensiones de su diminuto cuerpo. Deja la pajita y comienza a dar vueltas para salvar el obstáculo pero resulta imposible porque no hay por donde ir.
Inteligentemente vuelve a tomar la pajita, la coloca entre el abismo y forma un puente por el que atraviesa y ya del otro lado, toma otra vez su carga y continúa con su trají­n. El animalito hizo de su carga un puente con el cual pudo salvar el obstáculo y así­ continuar con su trayectoria.

Cuantas veces escuchamos lamentos de gente que se pasa toda su vida lamentándose por lo que le sucede. Que si lo hicieron porque lo hicieron y si no porque quisieran volver a tener la oportunidad para intentarlo. Las indecisiones hacen que dejemos pasar muy buenas oportunidades en la vida y si no se aprovechan en el momento preciso, difí­cilmente volverá a presentarse otra situación similar.

En ocasiones, más vale equivocarse en la vida ya que así­ no habrá duda sobre si estuvo bien o no lo que se hizo. Si se vuelve a presentar otra situación similar, se gozará de la suficiente experiencia para no cometer el mismo error. Pero si por indecisión no se hizo nada, lo mejor es no lamentarse por algo que no se sabe cómo hubiera sido el final.

Las cargas que llevemos sobre nuestros hombros debemos convertirlas en peldaños y puentes para alcanzar la otra orilla. Pero dejemos de estarle echando la culpa a los demás o hasta al mismo Dios o a Satanás por lo que se dejó de hacer o porque se tomó una decisión equivocada.

El desordenado que comience por poner orden en su vida. El indeciso, que no tema a la hora de tomar decisiones. Se equivocará una, 2 y 3 veces, pero no puede estarse equivocando toda su vida. El egoí­sta que aprenda a compartir con los demás su felicidad y el que se crea superior a los demás, que recuerde que en cualquier momento de la vida necesitaremos de quien menos pensamos.

Sigamos el ejemplo de las hormigas, incansables, trabajadoras, respetuosas entre ellas y lo principal, un orden en su dirección. El ahí­ se va, lo intenté, mañana, quizá, no puedo (sin haber hecho el intento), Dios no quiere, etc. Son cosas que ya debemos marcarles un alto en nuestro accionar y hay que hacer a un lado todo tipo de lamentos para que se nos quite la venda de los ojos y saquemos el mayor provecho de los problemas cotidianos. Mente positiva y un accionar igual, son las herramientas que debe tener un aspirante a alcanzar el éxito tanto en lo material como en lo espiritual.

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