Los Espejos Mágicos
El espejo nunca miente. La tradición le atribuye un compromiso inquebrantable con la verdad. Por eso la malvada madrastra del cuento ardía de envidia cuando, tras formular la conocida pregunta de "Espejito, espejito ¿quién es más guapa, Blanca nieves o yo?", el tozudo espejo contestaba que ese mérito le correspondía a Blanca nieves. Esta sinceridad obligada, sea fantasma, demonio o ángel quien aporte la respuesta, ha dado lugar a la existencia de espejos verdaderamente curiosos.
En China se utilizaban algunos tan veraces que,al parecer, mostraban con todo detalle los órganos internos de quien se pusiera delante, como si se tratara de un moderno aparato de rayos X.
Sin embargo, aunque el espejo no mienta, hay que saber interpretar lo que nos muestra. Jean-Jacques Boissard, en el siglo XVII, atribuye al diablo la maña de, sin faltar a la verdad, provocar visiones equívocas. Para ilustrarlo narra el caso de un hombre que, alejado de la mujer amada, quiso saber qué hacía ella en su ausencia y acudió a una sesión de cataptromancia. El mago utilizó a una niña de ocho años como vidente y, tras rociarla con agua bendita, la hizo mirar en el espejo. La niña vio a una hermosa mujer, envuelta en una holgada bata, a la que acompañaba un hombre apuesto, de rubios cabellos, con las calzas bajadas. Para el indignado caballero la visión estaba clara: su amante le engañaba con un rival. Sin embargo, cuando se aclaró el asunto, la realidad era otra, aunque el espejo no mentía. El caballero con las calzas en las rodillas era el hermano de la dama, al que ésta curaba fraternalmente una úlcera abierta en el muslo.
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